jueves, 17 de noviembre de 2016

11: La historia de Chuyín y sus cóstoles

Creo en El Don. Él que se las sabe de todas… todas. El dueño de “El cielo”, un bar muy popis que está en la planta alta de una pulquería que se llama “La Purga”. Los clientes de esta, son dones que esperan a que el bar de arriba los deje entrar.

Don Pepe, el de la carpintería, dice que Chuyín es su hijo. Doña María, su esposa y jefa de Chuyín, juraba y perjuraba que era virgen cuando se embarazó. Nadie le creyó. La gente dice que le ponía el cuerno a su esposo con un bato al que le apodaban “el Palomo”. Dicen también que varias veces lo vieron salir de casa de Doña María mientras su esposo chambiaba. El caso es que nadie entiende que chingados pasó ni quien es el verdadero jefe de Chuyín.

Yo digo que el papá chido es El Don. Ese cabrón anda en todo.

Vaya que le sufrió ese chamaco en tiempos en los que Poncho, el del Pilates, era el chicho de la cuadra. Tenía a sus compas los “Cóstoles 12” con quien la rolaba todos los días echando choro a la gente que se encontraba en las calles. Jamás soltó la neta cuando sus compas le preguntaban si tenía bisnes con La Malena. Chuyín nomás se sonrojaba y, como era costumbre cuando alguien le soltaba una pregunta, contestaba con otra pregunta. Don Poncho el del Pilates se hizo de la vista gorda cuando se enteró que un compa de Chuyín le volteó la tortilla y lo entregó a los del barrio enemigo. Pobre Chuyín. Fue su última peda. Le pusieron una guamiza tan fea que lo aventaron allá tras la loma bien petatiado. Su jefa, Doña María, nomás chillaba de tristeza.

También dicen que resucitó a los tres días. A mi se me hace que no le pusieron bien sus trancazos y que se curó en la parranda. Y si la creo, ese Chuyín, de donde juera sacaba vino pa la banda.

Dicen también que lo vieron en el teibol “El inferno”. Quesque fue a rescatar a Lázaro, un compa suyo de mucho billelle. Las pinches viejas no le dejaban llevárselo, pero a Chuyín le valió madres y salió de ahí cargando a Lázaro en sus hombros. Quien lo viera… si le funcionó cargar tablas en la carpintería de su jefe.

Luego se juntó con sus compas los “Còstoles 11” (Se cambiaron el nombre desde que el traicionero se abrió de la banda) pa darles palabras de aliviane. De esos choros mareadores que dan en alcohólicos anónimos. Se despidió y todos vieron como subió a “El Cielo” mientras les decía unas palabras bien acá: No se manchen entre ustedes.

Y desde que el Don, su papá, le puso una mesa “vi-ay-pi” donde podrían aventarse su trip forever chido, nadie ha visto que Chuyín baje a cotorrear con la banda.

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